viernes, 29 de febrero de 2008

París en llamas

Ya tiene dos años, pero es un texto que deseaba dejar en otro lado aparte de mi cpu.

París en llamas

(sobre los disturbios ocurridos en París en 2005)

Mario González

Hace algunos años Samuel Huntington escribió “El choque de civilizaciones”, cuya tesis central pintaba un futuro en el cual el mundo estaría fragmentado por causa de diferencias culturales irreconciliables. Cual 1984 de George Orwell el mundo se alinearía en diferentes bloques que estarían chocando entre sí y que a la postre, provocarían el fin del mundo.

Empero, éste terrible escenario dejaba de lado aspectos fundamentales del carácter del hombre como pueden ser el amor, la comprensión y la tolerancia. Así mismo olvidaba conceptos como la libertad, la igualdad y la fraternidad que en algún momento fueron los pilares de la construcción de naciones como lo fue en el caso de la misma Francia.

Actualmente, Francia y el resto de Europa se enfrentan a un estallido social que aunque parezca que no, si tiene precedentes . Hace doscientos años Victor Hugo plasmó en su obra maestra Los miserables la situación de una Francia invadida por el hambre y la disparidad social; un país en que uno podía estar destinado a estar señalado de por vida, como Jean Valjean, por el simple hacho de robar un pedazo de pan para alimentarse.

Hoy en día existen nuevos miserables en Francia y en Europa en general, quizás no sean originarios de la misma Europa, pero son ya, en muchos casos, ciudadanos europeos. Hombre y mujeres venidos de remotos lugares del África y Asia, que viven en condiciones que los franceses y los europeos, ya han olvidado.

Quizás ya no sean son conocidos como miserables aunque en realidad lo sigan siendo; a pesar de ello su nombre actual es mucho más peyorativo que el de antes: la racaille. Racaille en francés quiere decir chuzma o escoria, y quienes la forman son aquellos que viven en la obscuridad de la ciudad luz. Su horizonte(el de los más afortunados) es uno lleno de torres de concreto, multifamiliares que albergan cientos y cientos de familias que viven en condiciones deplorables. Alejados de la ciudad, hundidos en la banlieu para que así no se les vea.

La banlieu o el suburbio parisino, no es otra cosa que el enorme cinturón de pobreza que envuelve a la Ile de la cité. Tan sólo hace falta asomarse por la ventana del RER 1, el tren que va del aeropuerto Charles de Gaulle a la ciudad, para darse cuenta de ello.

A mediados de los noventa un historia de éstos suburbios fue llevada al cine y el resultado fue un éxito rotundo. La heine o el odio mostraba este lado oculto del país galo. Un escenario desolador en el cual los jóvenes marginados vivían impregnados de un profundo odio para con una sociedad que no les reconocía; que no les abría puertas y de la cual sólo veían las luces lejanas al anochecer.

Para quien visita París, la ciudad resulta deslumbrante, sus museos, sus calles; su aroma cosmopolita y la reminiscencia del idealismo ahí gestado son las primeras impresiones que se reciben. No obstante, el asombro que la ciudad luz genera en el visitante sólo representa el día de ésta, mientras que la noche y todos las cosas que conforman la noche en ella, sólo son cognoscibles para aquellos que viven o han vivido ahí.

Calles y lugares como Chatelet y el Foro de Les Halles que por las mañanas son transitadas por millones de personas y turistas , se convierten en desiertos a los cuales sólo entran los fréres (los hermanos),ya sean árabes o negros. el sonido del hip hop francés y el ambiente del mismo inunda los lugares. Solamente los flics (la policía) y alguno que otro comprador de chocolat (hash), shit (mariguana) o neige (coca)se atreve a cruzar.

Así mismo las principales estaciones como la Gare de Lyon o la Gare de l’est se vuelven lugares propicios para propinarle una patada en el culo a un turista perdido y robarle lo más que se pueda. Es ahí donde toma vida el París agresivo, el París en el que no se puede entablar contacto visual sin riesgos, como el mismo Paul Auster menciona.

Mientras tanto la otra cara de la moneda, es decir los franceses europeos, no ven todo esto mas que como una agresión a su espacio, una afrenta que es cobrada por medio la discriminación y las trabas que se le ponen a esos alienígenas. Empero, el odio sólo genera más odio y la intolerancia sola se multiplica y se esparce por doquier.

Por esa misma razón muchos de los marginados encuentran soluciones en el vandalismo y en el peor de los casos, en el extremismo islámico. De hecho hace unos años la serie de reportajes Envoyé spécial, mostró una investigación en la cual se mostró que Francia es el principal país europeo expulsor de combatientes mujaidines a los frentes de batallad de la jihad o la fatwa.

La mezquita se vuelve para muchos el único agente socializador al cual los jóvenes del suburbio pueden acceder sin tener miedo de ser segregados o discriminados, ya sea por su acento, su origen o su apariencia. Es aquí en donde se da vida a la otra Francia, la cual comienza a hacer conciencia de su condición marginal y busca nuevos formas para hacer escuchar su voz.

Es por ello que una cuestión como la prohibición del velo en las escuelas resultó en una verdadera controversia, ya que se le consideró como un agravio a los derechos humanos de los jóvenes , una prohibición más que ahora atentaba contra el principal sostén de muchos de éstos hombres: su fe.

No importaba el hecho de que lo único que se buscara fuera mantener la imagen laica de la educación en Francia, no, eso no era argumento alguno, lo que aquí importaba era el hecho de que Francia ahora atentaba contra una de sus pocas libertades. Para ellos debe existir una Francia que los tolere como son, con sus creencias y tradiciones, sin embargo, no comprenden que son ellos quienes por su condición de inmigrantes deben de adaptarse a Francia.

Con ello no justifico el hecho del maltrato realizado por el Estado y civiles franceses para con ésta gente, para nada. No obstante pienso que es una cuestión diferentes, ya que Francia como estado y los franceses como nación deben reconocer la llegada de tantos inmigrantes como una más de las resultantes de su propia historia, en particular del colonialismo en África y de la explotación de la misma que realizaron por casi doscientos años.

Los disturbios actuales son sin duda, el reflejo del hartazgo engendrado en millones de personas que se encuentran completamente alienados en Francia. Sin embargo, su lucha no está basada en los ideales de los miserables. Desgraciadamente, los derechos universales del hombre; la fraternidad, la igualdad y la libertad por la que Marius y muchos otros se batieron en la comuna París, no son hoy el espíritu de la lucha, sino el odio.

Mientras ambos bandos sigan invadidos por el odio y mientras la intolerancia siga siendo el común denominador en la sociedad francesa, París seguirá ardiendo. Quizás, como mencionaba John Lennon, lo único que necesitemos para acabar con toda esta violencia sea un poco de amor.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Amor: escenas y personajes memorables

No podríamos dejar pasar febrero sin dedicarle un espacio al amor. Me refiero a todos aquellos que de alguna manera han hecho y soportado hasta lo imposible por un ser amado.

A lo largo de la historia existe una serie de escenas y personajes memorables, algunas de las cuales bien vale la pena recordar.

Empecemos con Marco Antonio, un prominente general romano que prefirió echarse encima a la fuerza del imperio más poderoso en su tiempo, a cambio de ganarse la joya del Nilo (la mismísima Cleopatra).

El resultado es más que conocido, pero para quien no lo sepa créame que quizás la opción de Marco Antonio no fue la más sabia de todas, ya que el nuevo emperador de Roma, (César Augusto), despedazo fácilmente su resistencia.

Algunos siglos después existió una mujer que para la fe cristiana sería conocida como la Virgen María y su marido como San José. Cito este caso porque para esos años aceptar la infidelidad de requiere de muchos arrestos, o de plano estar profundamente enamorado (les recuerdo que este es un espacio laico creado por un agnóstico).

Quién sabe qué tipo de vejaciones habrá soportado José, porque si algo se puede deducir de la experiencia es que la sorna es transmitida de generación en generación.

Pero vayamos a casos más dramáticos. Qué decir del incomprendido y en su momento nada afamado Vincent Van Gogh. Tan sólo un día antes de de la Nochebuena de 1888 Van Gogh tuvo un severo altercado con su compañero y gran amigo Paul Gauguin. Poco después Van Gogh tomó una navaja, se mutiló una oreja, la envolvió en un paño y acudió a regalársela a una prostituta de un burdel que frecuentaba.

Independientemente, de la bipolaridad de Van Gogh vale la pena remarcar que esta reacción no puede atribuírse a otro sentimiento más que al amor y a la frustración que llegamos a sentir por nuestros seres amados.

Obviar al cine en un texto como este sería poco más que un sacrilegio. Sin embargo, el hacer una investigación de los grandes amores, personajes y escenas de amor en el cine es un esfuerzo digno de una investigación de gran formato que aquí no puede realizarse.
Empecemos por una película que hasta la fecha sigue conmoviendo los corazones: Casablanca.

El escenario no puede ser mejor, una ciudad marroquí enclavada a orillas del Atlántico, desde cuyo puerto miles y miles de personas sueñan con alcanzar la ansiada libertad al otro lado del Océano.

Humphrey Bogard, Ingrid Bergman, Peter Lorre entre otros, dan vida a una historia marcada por la guerra y la separación de un bello romance que sólo pudo vivirse en París y que nunca, en ningún otro lugar, ni bajo otra circunstancia se repetirá. Una muestra de que un hombre enamorado es capaz de hacer todo por su amada.

También está el caso de aquellas mujeres capaces de entregar su libertad, su familia y su vida por un hombre. Que decir de Mallory Knox (Juliette Lewis) y su desenfrenada relación con Mickey (Woody Harrelson). Un par de jóvenes enamorados que encuentran mediante a la muerte y los asesinatos, su forma de revelarse contra un mundo que ha pasado por encima de ellos y que, a su juicio, no les deja otra salida. Su amor es incondicional, apasionado y saben que sólo hay una cosa que podría vencerlos: la muerte, misma que asumen y están dispuestos a experimentar juntos.

¡Helo ahí! El amor tiene mil y un formas de representarse, vivirse, entenderse, pero lo único cierto es que nadie puede haber vivido sin sentir un sólo gramo de su grandeza.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Recuerdos y reencuentros


Pocas cosas producen tanta felicidad como un reencuentro con el pasado; en especial aquellos que nos traen a la memoria vivencias que habían quedado relegadas en lo más profundo de nuestro ser.

En fechas recientes el redescubrimiento casual de viejas amistades (de manera virtual) despertó en mi la curiosidad por rescatar algunos sucesos y acotnecimientos que de alguna manera dejaron su huella. No todos los casos son felices, tampoco puedo decir que reestablecí puentes que el tiempo decidió quebrar. Incluso hubo silencios que me mostraron que hay ocasiones en las que no hay posibilidad de recuperar nada.

Entre esta extraña cacería di con un poema escrito hace 10 años. Una pieza dedicada justamente a una de esas personas perdidas en el torbellino del tiempo.




"Vendedora de estrellas"


Me encontró en el árbol que juré nunca visitar

en el momento climax de la mezcla del dolor.

Sutílmente cargó mi cara sobre sus cálidas manos,

mientras yo imaginaba el universo resguardado por supiel.


Alzó su mano y bajo una estrella, la mas pequeña y solitaria en el horizonte.

Tocó mi alma y me ofreció la estrella...

A cambio del espacio ms profundo en mi corazón.

martes, 19 de febrero de 2008

Lord of the flies


¿Acaso podría alguien afirmar si existe el bien o el mal? Y de existir , ¿cuál es la definición correcta? o ¿qué parámetros sirvieron para su definición?

Lo único cierto es que ambas concepciones nos fueron enseñados desde que éramos niños y que a pesar de coexistir con estos conceptos por años, décadas y hasta siglos, aún no hay una respuesta que nos ofrezca una respuesta satisfactoria.

Este tema ha sido cuna de enormes polémicas a lo largo de la historia. Por ejemplo en el plano de las Relaciones internacionales ha girado en torno al carácter natural del ser humano. Mientras los realistas, consideran que el hombre es malo o proclive al mal por naturaleza; su contraparte los idealistas, esgrimen que el hombre es bueno por naturaleza y que eran otros factores de tipo social, los que modificaban esta condición intrínseca en él.

Después de años de discusión no ha habido ningún estudio que hay logrado comprobar el juicio de alguno u otro, sin embargo, existen otro tipo de elementos como la ficción que bien nos pueden ayudar a reflexionar sobre estos temas.

Hace más o menos 53 años William Golding escribió lo que sería su obra maestra Lord of the flies (El señor de las moscas), un libro que más allá de la literatura sienta una serie de preguntas importantes sobre el carácter del ser humano y la importancia de la sociedad en su desarrollo.

El escenario no puede ser mejor: una isla desierta a la que son enviados varios niños, so pretexto de protegerlos de un inminente conflicto nuclear. Poco a poco los niños comprenden la importancia del trabajo y la división del mismo para su subistencia. Un hecho que sin que ellos se den cuenta los sitúa de regreso a una de las primaras etapas de la evolución social: la creación del clan.

Sin embargo, en vez de que el trabajo y sus frutos sean el vector que los impulse a mejorar sus condiciones de vida, se vuelve el inicio de su destrucción. Golding nos muestra como de la mano la división del trabajo nacen las clases sociales, el choque por el liderazgo, la división social y la discrimnación. Así como lentamente van desapareciendo la persecusión del bien común y el respeto por las diferencias.

Lo sorprendente es observar como se van desenmarañando toda esta serie de conceptos en una sociedad en la que la inocencia y la diversión eran los comunes denominadores sociales.

Quizás el juicio al que nos lleva el libro podría ser herramienta de debate tanto para realistas como para idealistas. Sin embargo, creo que la pregunta que en realidad deberíamos formularnos, es ¿Hasta dónde trabajamos por el bien común? ¿Qué tanto hacemos por una sociedad a la que crtiticamos todo el tiempo y de la que algunos incluso hemos traído de abstraernos ? ¿Con base en qué valoramos el trabajo de todos y cada uno, por su importancia para el bien común o por la utilidad que le genera a quien lo realiza?

En muchas ocasiones he escuchado que el fin último del hombre es la felicidad, ante esto les pregunto es también la felicidad el fin último de la sociedad y si no, ¿cuál es?