
Pocas cosas producen tanta felicidad como un reencuentro con el pasado; en especial aquellos que nos traen a la memoria vivencias que habían quedado relegadas en lo más profundo de nuestro ser.
En fechas recientes el redescubrimiento casual de viejas amistades (de manera virtual) despertó en mi la curiosidad por rescatar algunos sucesos y acotnecimientos que de alguna manera dejaron su huella. No todos los casos son felices, tampoco puedo decir que reestablecí puentes que el tiempo decidió quebrar. Incluso hubo silencios que me mostraron que hay ocasiones en las que no hay posibilidad de recuperar nada.
Entre esta extraña cacería di con un poema escrito hace 10 años. Una pieza dedicada justamente a una de esas personas perdidas en el torbellino del tiempo.
En fechas recientes el redescubrimiento casual de viejas amistades (de manera virtual) despertó en mi la curiosidad por rescatar algunos sucesos y acotnecimientos que de alguna manera dejaron su huella. No todos los casos son felices, tampoco puedo decir que reestablecí puentes que el tiempo decidió quebrar. Incluso hubo silencios que me mostraron que hay ocasiones en las que no hay posibilidad de recuperar nada.
Entre esta extraña cacería di con un poema escrito hace 10 años. Una pieza dedicada justamente a una de esas personas perdidas en el torbellino del tiempo.
"Vendedora de estrellas"
Me encontró en el árbol que juré nunca visitar
en el momento climax de la mezcla del dolor.
Sutílmente cargó mi cara sobre sus cálidas manos,
mientras yo imaginaba el universo resguardado por supiel.
Alzó su mano y bajo una estrella, la mas pequeña y solitaria en el horizonte.
Tocó mi alma y me ofreció la estrella...
A cambio del espacio ms profundo en mi corazón.
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