París en llamas
(sobre los disturbios ocurridos en París en 2005)
Mario González
Hace algunos años Samuel Huntington escribió “El choque de civilizaciones”, cuya tesis central pintaba un futuro en el cual el mundo estaría fragmentado por causa de diferencias culturales irreconciliables. Cual 1984 de George Orwell el mundo se alinearía en diferentes bloques que estarían chocando entre sí y que a la postre, provocarían el fin del mundo.
Empero, éste terrible escenario dejaba de lado aspectos fundamentales del carácter del hombre como pueden ser el amor, la comprensión y la tolerancia. Así mismo olvidaba conceptos como la libertad, la igualdad y la fraternidad que en algún momento fueron los pilares de la construcción de naciones como lo fue en el caso de la misma Francia.
Actualmente, Francia y el resto de Europa se enfrentan a un estallido social que aunque parezca que no, si tiene precedentes . Hace doscientos años Victor Hugo plasmó en su obra maestra Los miserables la situación de una Francia invadida por el hambre y la disparidad social; un país en que uno podía estar destinado a estar señalado de por vida, como Jean Valjean, por el simple hacho de robar un pedazo de pan para alimentarse.
Hoy en día existen nuevos miserables en Francia y en Europa en general, quizás no sean originarios de la misma Europa, pero son ya, en muchos casos, ciudadanos europeos. Hombre y mujeres venidos de remotos lugares del África y Asia, que viven en condiciones que los franceses y los europeos, ya han olvidado.
Quizás ya no sean son conocidos como miserables aunque en realidad lo sigan siendo; a pesar de ello su nombre actual es mucho más peyorativo que el de antes: la racaille. Racaille en francés quiere decir chuzma o escoria, y quienes la forman son aquellos que viven en la obscuridad de la ciudad luz. Su horizonte(el de los más afortunados) es uno lleno de torres de concreto, multifamiliares que albergan cientos y cientos de familias que viven en condiciones deplorables. Alejados de la ciudad, hundidos en la banlieu para que así no se les vea.
La banlieu o el suburbio parisino, no es otra cosa que el enorme cinturón de pobreza que envuelve a
A mediados de los noventa un historia de éstos suburbios fue llevada al cine y el resultado fue un éxito rotundo. La heine o el odio mostraba este lado oculto del país galo. Un escenario desolador en el cual los jóvenes marginados vivían impregnados de un profundo odio para con una sociedad que no les reconocía; que no les abría puertas y de la cual sólo veían las luces lejanas al anochecer.
Para quien visita París, la ciudad resulta deslumbrante, sus museos, sus calles; su aroma cosmopolita y la reminiscencia del idealismo ahí gestado son las primeras impresiones que se reciben. No obstante, el asombro que la ciudad luz genera en el visitante sólo representa el día de ésta, mientras que la noche y todos las cosas que conforman la noche en ella, sólo son cognoscibles para aquellos que viven o han vivido ahí.
Calles y lugares como Chatelet y el Foro de Les Halles que por las mañanas son transitadas por millones de personas y turistas , se convierten en desiertos a los cuales sólo entran los fréres (los hermanos),ya sean árabes o negros. el sonido del hip hop francés y el ambiente del mismo inunda los lugares. Solamente los flics (la policía) y alguno que otro comprador de chocolat (hash), shit (mariguana) o neige (coca)se atreve a cruzar.
Así mismo las principales estaciones como
Mientras tanto la otra cara de la moneda, es decir los franceses europeos, no ven todo esto mas que como una agresión a su espacio, una afrenta que es cobrada por medio la discriminación y las trabas que se le ponen a esos alienígenas. Empero, el odio sólo genera más odio y la intolerancia sola se multiplica y se esparce por doquier.
Por esa misma razón muchos de los marginados encuentran soluciones en el vandalismo y en el peor de los casos, en el extremismo islámico. De hecho hace unos años la serie de reportajes Envoyé spécial, mostró una investigación en la cual se mostró que Francia es el principal país europeo expulsor de combatientes mujaidines a los frentes de batallad de la jihad o la fatwa.
La mezquita se vuelve para muchos el único agente socializador al cual los jóvenes del suburbio pueden acceder sin tener miedo de ser segregados o discriminados, ya sea por su acento, su origen o su apariencia. Es aquí en donde se da vida a la otra Francia, la cual comienza a hacer conciencia de su condición marginal y busca nuevos formas para hacer escuchar su voz.
Es por ello que una cuestión como la prohibición del velo en las escuelas resultó en una verdadera controversia, ya que se le consideró como un agravio a los derechos humanos de los jóvenes , una prohibición más que ahora atentaba contra el principal sostén de muchos de éstos hombres: su fe.
No importaba el hecho de que lo único que se buscara fuera mantener la imagen laica de la educación en Francia, no, eso no era argumento alguno, lo que aquí importaba era el hecho de que Francia ahora atentaba contra una de sus pocas libertades. Para ellos debe existir una Francia que los tolere como son, con sus creencias y tradiciones, sin embargo, no comprenden que son ellos quienes por su condición de inmigrantes deben de adaptarse a Francia.
Con ello no justifico el hecho del maltrato realizado por el Estado y civiles franceses para con ésta gente, para nada. No obstante pienso que es una cuestión diferentes, ya que Francia como estado y los franceses como nación deben reconocer la llegada de tantos inmigrantes como una más de las resultantes de su propia historia, en particular del colonialismo en África y de la explotación de la misma que realizaron por casi doscientos años.
Los disturbios actuales son sin duda, el reflejo del hartazgo engendrado en millones de personas que se encuentran completamente alienados en Francia. Sin embargo, su lucha no está basada en los ideales de los miserables. Desgraciadamente, los derechos universales del hombre; la fraternidad, la igualdad y la libertad por la que Marius y muchos otros se batieron en la comuna París, no son hoy el espíritu de la lucha, sino el odio.
Mientras ambos bandos sigan invadidos por el odio y mientras la intolerancia siga siendo el común denominador en la sociedad francesa, París seguirá ardiendo. Quizás, como mencionaba John Lennon, lo único que necesitemos para acabar con toda esta violencia sea un poco de amor.
1 comentario:
Sabe señor que ese artículo suyo me encantó. Cuénteme en que anda... yo tengo mis muy particulares creencias sobre estos fenómenos de choques culturales que estamos viviendo... puede visitarme en el blog, que no es asunto teórico, sino historias de esos choques y mezclas culturales, o mejor, écheme un fon. 5539878196
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