miércoles, 23 de abril de 2008

La conjura contra el Ártico




Se imaginan un Polo Norte que pudiera ser navegado en todas las épocas del año, sin que existiera el impedimento de sus hasta ahora característicos hielos; o tan sólo la posibilidad de surcar el Océano Ártico a bordo de lujosos cruceros que atraviesen por en medio el Polo Norte en dirección a Canadá o Rusia. Si no lo logran, quizás tengan cerca de 5 años más para imaginarlo; ya que según las previsiones actuales, este catastrófico escenario está a la vuelta de la esquina.

Tan sólo en los últimos 50 años el territorio del Polo Norte se redujo en un 50% y en los últimos 23 años perdió el 43% de sus capas de hielo más gruesas. Un fenómeno parecido ocurrió en su momento con el Mar Báltico, mismo que ahora es completamente navegable y que sólo presenta una ligera capa de hielo en los meses invernales.

El verano de 2007 constituyó un llamado de alerta al planeta en general. Esto, después de que se confirmara que la dramática reducción de la masa gélida del ártico había alcanzado su más bajo nivel en la historia. Únicamente se registraron 4.3 millones de kilómetros cuadrados, con lo que se superó el récord previamente establecido en 2005.

Mientras hace unas cuantas décadas se preveía que la desaparición del Polo Norte ocurriría cerca del final del siglo 21, hoy en día todo apunta a que este posible escenario se presentaría cerca del 2013.

Otro efecto del cambio climático es la reducción del hielo perenne en territorio ártico. Durante el periodo comprendido entre 1958 y 2006 ésta área disminuyó de 5.5 millones de kilómetros cuadrados a únicamente 3 millones de kilómetros cuadrados; lo que implica un descenso muy cercano al 50%.

Beneficios comerciales

Más alarmante aún es la negativa a actuar de los principales gobiernos del mundo. Ya que parece que poco o nada les importa que tan desolador vaticinio se convierta en una realidad. Un hecho fácil de entender si se valora la cantidad de intereses económicos y comerciales que giran en torno a la destrucción del polo.

Todo apunta a que se trata de una conjura internacional contra nuestro patrimonio natural. Como muestra está la negativa del Consejo del Ártico a tomar cartas en el asunto. Dicha organismo conformado por los países cuyas fronteras controlan con el polo asegura que sus funciones sólo comprenden la regulación del flujo comercial de embarcaciones en el polo (la cual a su juicio, invariablemente se abrirá a esta actividad por los efectos del aumento de temperatura) y cuestiones de tipo ambiental que hasta el momento no se observan por ningún lado.


Un mundo sin Polo Norte haría mucho más cortas y eficientes las principales rutas marítimas del mundo. Como claro ejemplo están los beneficios que tendrían dos de ellas: El pasaje del Noroeste y la Ruta del Mar del Norte.

La primera inicia en Rotterdam pasa por el Canal de Panamá y finaliza en Seattle, Washington. Un trayecto que de ida y vuelta equivale a 9000 millas náuticas; pero cuya nueva ruta permitiría atravesar el polo, bordear Alaska y bajar por la Columbia Británica canadiense hasta llegar a Seattle. Este atajo reduciría la travesía en 2000 millas náuticas.

Por otro lado está la ruta Ruta del Mar del Norte. Dicha travesía, que hasta el momento contempla un viaje entre los puertos de Rotterdam y Yokohama, sería la más beneficiada de ambas. En especial porque reduciría el viaje de 11 mil 200 millas náuticas a tan sólo 6 mil 500.

El trazo de esta ruta actualmente inicia en Rotterdam continúa por Francia, Portugal y España hasta internarse en el Mediterráneo. De ahí el recorrido prosigue hasta cruzar el Canal de Suez. Después de bordear la bota arábiga se surca el Océano Índico y tras atravesar el archipiélago indonesio culmina en Japón.

Ambas rutas podrían realizarse ahora únicamente vía el Polo o en su defecto permitirían un regreso mucho más rápido y menos costoso.

Según cifras proporcionadas por Scott Borgerson en la Revista Foreign Affairs del bimestre de marzo-abril 2008, una expedición que anteriormente costaba 17.5 millones de dólares para un carguero, podría reducirse en un 20%. Es decir, tendría un precio final de 14 mdd. Lo que significaría un ahorro de 3 y medio mdd.

Recursos en disputa

El ártico es una de las regiones más ricas en recursos naturales del mundo entero. Un hecho que despierta el interés y la avaricia de varias naciones a nivel mundial como sería el caso de Rusia, China, Canadá, Dinamarca, EUA, Noruega y Suecia por tan sólo mencionar a algunas.

No es para menos, según un estudio de la compañía de origen noruego StatOil Hydro la región del Polo Norte constituye un yacimiento de dimensiones gigantescas, que albergaría nada más y nada menos que una cuarta parte de las reservas mundiales de petróleo.

Una de las regiones más ricas es la que recientemente fue reclamada por Moscú como parte de su territorio a pesar del enorme descontento que dicha medida generó a nivel internacional. Un territorio que podría garantizar a Rusia una producción de 586 billones de barriles. Una fortuna, si consideramos la interminable alza de los precios del crudo en los últimos meses; mismos que a finales de abril de 2008 ya superaban los 115 dólares por barril (caso West Texas).
Daños colaterales

Con la destrucción del polo también se verá el fin de cientas de especies entre las que encontramos osos polares, zorros, caribúes, libres del ártico, lemmings por tan sólo mencionar algunos.

En el caso de los caribúes hay datos que apuntan a un descenso poblacional de hasta 80% en ciertas manadas. Muy significativa ha sido también la baja en la tasa de natalidad de las focas. Por mencionar un ejemplo en 1975 en la isla de St. Paul se registraron 275 mil nacimientos; sin embargo, en 2007 apenas se registraron 125 mil nuevas crías.

Diferente pero no menos preocupante es la estrepitosa alza en la población de cisnes. Tan sólo en la última década el número total de estas aves casi se duplicó. Su número pasó de 12. 5 millones a 21.4 millones de especímenes.

El fenómeno resulta preocupante, puesto que representa un efecto del aumento de temperatura, de vegetación y de tierra cultivable en áreas circundantes al polo. Recientes estudios también demostraron un aumento significativo de la población y tamaño en la mayoría de las especies de arbustos y de los pastizales en Alaska.

La fauna marina también se ve muy afectada por calentamiento global. Como resultado muchas especies sub árticas han comenzado a invadir territorio y a desplazar a las especias habituales. Ello, produce alteraciones inmediatas e irreversibles a este ecosistema.

Por último, no podemos dejar de citar el riesgo que implica por sí misma la explotación de gas y crudo. Conforme comiencen a explotarse los yacimientos de la zona crecerá el riesgo de una catástrofe ambiental, como se ha visto en numerosos ejemplos a lo largo y ancho del globo.

Conflictos en puerta

Otro asunto a tomar en cuenta es la creciente militarización de la zona. A raíz de las recientes presiones, Canadá emplazó a 1 500 soldados para vigilar el área y anunció la puesta en órbita del Radarsat 2 cuyo único fin será vigilar el Ártico.

Por otro lado, mientras para 2005 había 262 buques rompehielos, ese mismo año se ordenó la construcción de 234 más navíos más de este tipo. Lo que nos hace pensar que no sólo la preservación del los grandes hielos del Ártico es una discusión en el olvidó, sino que las grandes potencias, junto con las compañías navieras están dispuestas a arrasar con lo poco que quede de él.

No obstante, el tema que más preocupa es la poca o nula legislación en torno a los derechos de los países colindantes sobre la zona. A pesar de que en 1996 se creó el Consejo del Ártico esta organización se ha visto nulificada puesto que en su constitución sólo se contempló tratar temas de corte ambiental y deja de lado cuestiones de tipo estratégico y militar.

Según expertos el único organismo capaz de dirimir diferencias y crear acuerdos pertinentes que eviten una posible disputa del Ártico y sus recursos es la Convención de las Naciones Unidas para las Leyes del Mar. Una convención muy criticada cuyos detractores en vez de llamarla Laws of the Sea, LOS, por su acrónimo, la llaman Lost of the sea.

En el artículo 76 de dicha Convención se trata un tema fundamental: los requerimientos o fundamentos necesarios para convalidar la expansión de las fronteras. En él se menciona que “Por definición, las fronteras pueden expandirse con base en una serie de criterios como la profundidad del agua, la geología del fondo marino, el grosor de los sedimentos y la distancia a la costa”.

Sin embargo según expertos es necesario desarrollar criterios específicos para destrabar un posible conflicto en el ártico, ya que varias naciones presentan las mismas características geográficas respecto a terrenos que presumiblemente reclamarán o ya reclaman como suyos.

Mientras los dueños del Polo Norte se ponen de acuerdo, al resto del mundo sólo nos queda ver cómo poco a poco se deteriora y se exprime a una de las áreas determinantes para el equilibrio ecológico del planeta.

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