martes, 3 de junio de 2008

El Irak de Calderón


Tras su llegada al poder Felipe Calderón anunció el inicio de una cruzada que él mismo se encargó de malnombrar como la “Guerra contra el narcotráfico”. Cualquiera que tenga la mínima noción sobre los deberes y atribuciones del Presidente de la República sabe que sólo el Congreso de la Unión puede dar luz verde para que el país realice una declaratoria de guerra.Sin embargo, este es el hecho que menos debe alarmarnos.

Poco después de su intrépida iniciativa, el Gobierno Federal comenzó a realizar operativos militares por todo el país. La consigna era “sacar al ejército de los cuarteles” o dicho de otra forma “poner al ejército en las calles”. El resultado de esto fue una creciente escalada de violencia por todo el territorio nacional.

Durante de estos dos años nos han tratado de convencer de que las fuerzas del país son más poderosas que el narcotráfico y que el músculo del ejército mexicano es mucho mayor que el del crimen organizado. De la misma forma se nos justificó el alza en los ingresos de nuestros militares. Como muestra están los aumentos de 495% en el gasto del Ejército y de 395% en el gasto de la Armada en 2007.

Sin embargo, si de algo han servido estas alzas es para ayudarnos a para y entender una ineludible realidad: el estado mexicano no puede combatir contra el narcotráfico.

En uno de sus primeros discursos respecto al tema Calderón decía a manera de arenga que ésta, su guerra, iba “a costar muchas vidas”, pero que al final valdría la pena. Hoy cerca de 18 meses se retracta y en vez de reconocer “el fracaso o aceptar su equivocación” se lava las manos y echa la culpa a Estados Unidos.

Bullshit sr. Calderón, mejor comience por disculparse con las madres de los soldados y policías que por menos de 10 mil pesos al mes fueron mandados al matadero como resultado de su soberbia y delpobre análisis sobre una situación tan compleja como lo es el narcotráfico en nuestro país.

Tal es el fracaso o la inseguridad del presidente que hoy en día viaja acompañado de un dispositivo de seguridad nunca antes visto para un mandatario nacional. Una burbuja de acero que sólo se puede permitir el presidente y, por supuesto, los mayores capos del narco.

Otro muestra de este fracaso es la enorme alza en el número de ejecuciones. Tan sólo mayo de 2008 rompió todos los récords existentes al respecto y obligó a que el Gobierno Federal desplegará el operativo Culiacán Navolato. Mismo que no trajo más que otra vergüenza al Ejecutivo; ya que no pasaron ni unos cuantos días cuando ya circulaban las fotos de los primeros elementos asesinados y cuando el narco ya había acudido a atacar dependencias oficiales.

Un desastre anticipado; tan sólo el jueves 29 de mayo la PFP declaró que requeriría 60 mil elementos para patrullar las calles de Culiacán. ¡¡¡60 mil!!! . Muestra de ello es el notable aumento en las ejecuciones durante el año anterior (ni siquiera las de 2008). Mientras en 2007 se registraron menos de mil casos. Hoy ya suman más de 1500. Es decir una cifra muy parecida al número de bajas que sufren las fuerzas de EU en promedio cada año desde su incursión a Irak.

De ese tamaño es la crisis de seguridad que despertó Calderón. Lo peor es que se lanzó a esta cruzada sin conocer a fondo al enemigo (menospreciándolo por decirlo con todas sus letras) y a sabiendas de que sus filas estaban plagadas de infiltrados en todos los niveles.

Incluso una de las narcomantas halladas la semana pasada aseguraba que el narco era defendido ni más ni menos que por el Gral. Roberto Miranda, ex jefe del Edo Mayor Presidencial y por Genaro García Luna, actual Srio. De Seguridad Pública. ¿Posible?
¿Acaso Existen imposibles para los políticos mexicanos? En un país en que el narco cuelga mantas en cruces peatonales ofreciendo altos ingresos, seguridad familiar y una serie de prestaciones, todo, todo, es absolutamente posible.

Ante el fracaso, Calderón comenzó a realizar ajustes desde mediados de mayo pasado a su discurso frente al narco. Ahora mostraba un semblante preocupado y comenzaba a decir que era EU y su falta de cooperación lo que había provocado esta escalada de violencia. O al menos así lo expresó en el reciente Encuentro de Gobernadores Fronterizos de México y EU.

Lo preocupante es que en el fondo, este ajuste de estrategia del gobierno de Calderón podría llevarnos a una radicalización de las políticas del gobierno federal como menciona Jorge Zepeda Patterson en su artículo del 11 mayo publicado en El Universal.

“Calderón pretende salir del atolladero mediante el absurdo de profundizar el error. Al igual que Bush ha exigido más recursos para la guerra. El gobierno está intentando utilizar el fracaso del combate al narcotráfico como un argumento a favor del pánico para justificar las bases de un Estado autoritario: mayores márgenes para los cuerpos de seguridad frente a la población, ampliación de presupuestos, necesidad de mano más firme”.


“La única salida de esta trampa consiste en impedir que las estrategias para implantar el miedo que difunden los medios de comunicación se impongan entre los ciudadanos. Una sociedad atemorizada siempre termina siendo víctima del populismo de derecha, pues éste cercena libertades y disidencias en nombre de la seguridad”.


A esto habrá que sumar el hecho de que dando un ejemplo de nacionalismo y respeto a la soberanía y autonomía nacionales, Calderón Hinojosa al lado del chico superpoderoso (Mouriño según la revista Quién) pretende distraer la opinión pública al negarse a aceptar una Iniciativa Mérida que era a todas luces inaceptable y que él y nadie más que él, había rogado a EU.

Sin duda se trata de una estrategia más del populismo de derecha que debemos de rechazar denunciar y combatir todos aquellos que nos consideremos ciudadanos conscientes. La historia nos ha enseñado que sólo el poder de la gente y los movimientos sociales es capaz de poner fin a las más cruentas de las guerras.

1 comentario:

JC dijo...

Se me heló la sangre cuando comparaste el número de ejecuciones en México con el número de bajas de soldados en EU...estamos igual o peor que los del norte. Qué triste...