Mayo, como todos los años las flores terminan por reverdecer y todo parece nuevo, mas no todo lo es; existen cosas que sólo ocurren en mayo y que año tras año se repiten .Una de esas es el ambiente de los vagones del metro de la ciudad a la hora pico, a los que incluso se puede llegar a ver transpirar en esta época del año.
Nada en el mundo puede ser más desagradable, el sudor corre en las frentes de los viajantes, en sus cuerpos e incluso llega a verse resbalar por las tubulares estructuras metálicas para terminar asentándose en el piso del tren.
El calor, de por sí sofocante, aumenta aún más su temperatura con el roce de los cuerpos y el choque de unos con otros. Masas pegostiosas que al momento de desprenderse llegan a emular el sonido del pegol de una estampilla al desprenderse del papel.
El ruido de las pésimas grabaciones de los ambulantes y el eterno movimiento parecen no desaparecer, qué daría por verlos desaparecer a todos , por quedarme sólo en el tren y poder viajar cómodo, no me interesa sentarme sino saber que atrás no tengo nadie rozando mi espalda, mis brazos…
Lo peor es que la línea es larga y aún restan 8 estaciones, bueno al menos con esta ya son sólo 7. Aquí viene el empujón, debo de aferrarme a mi lugar. Puta madre, cómo es necia la gente, dan ganas de gritarles “ya no entraron cabrones espérense al siguiente”.Me trago el coraje, aguanto y pienso cual alcohólico “sólo una más”. Otro empujón, ¡carajo!, pero a pesar de que la molestia me carcome trato de ser atento y respondo con un gentil “no hay cuidado”. Aunque hacia mis adentros pienso que es claro que no hay cuidado si se camina por encima de la gente para poder pasar.
Claro, este es el pinche reflejo de todo mi vida, me la he pasado soportando pisotones, caras largas, mentadas de madre, mientras sólo pongo mi cara de pendejo, so pretexto de ser un caballero. En definitiva es culpa de mi madre, de haberme dejado romperle la madre al primer cabrón que hizo esto, mi vida sido distinta.
Ni modo, pero el próximo cabrón que me toque va a conocer lo que es no tener cuidado, ese pobre cabrón se va a arrepentir de haberse topado conmigo. Vengan cabrones a ver quien es el primero, los estoy esperando.
Instantáneamente dibujo una sonrisa en su rostro y giró su cuerpo con el puño en alto dispuesto a golpear a su víctima. De pronto se vio sorprendido por la ausencia de una cara a quien castigar.
Segundos después el mismo hombre caía al suelo implorando piedad a los pies del chico que acababa de enterrarle el cuchillo que llevaba en mano. Tendría a lo mucho 11 años, pero no era el primer hombre que picaba .
Al momento que sentía como se le escapaba la vida, comenzó a escuchar una voz que decía “cierra los ojos, ciérralos”. Solo tuvo fuerzas para hacer caso a la voz y perderse en el limbo del negro, hasta que otra voz comenzó a hablarle, “abre los ojos, ábrelos, ábrelos ya que es tarde, ya es lunes y aún faltan 15 estaciones que recorrer en metro”.
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